Gemini y David

FRAGMENTO 6 LATERNA

(...)

- Deberías casarte con David. - Gemini soltó una carcajada que le duró más de dos minutos. Su madre estaba con ella ayudándole con una ropa de bebé que había comprado para su hijo aquella mañana, y se detuvo entre risas ahogadas. - Se nota que te quiere


- Se nota que quiere tener sexo conmigo... Parece que nunca respetaras mis preferencias sexuales


- No es eso... Piensa en tus hijos... No es lo mismo que los críes tú sola, con tus preferencias sexuales...



- ¿Qué quieres decir? - Preguntó la mujer, ofendida



- Imagina cómo van a sentirse tus hijos si... estás con una mujer, con la otra, cambias pareja...



- Yo no soy promiscua



- El hecho es – Dijo su madre, cortante – Que no creo que sea justo que obligues a tus hijos a criarse sin un padre. Cuando estudien, cuando tengan amigos... puede que todos vayan a tener a papá y mamá, pero ¿qué vas a decirle a tus hijos? ...Míralo por el lado bueno... Él es un buen hombre, te conoce, te respeta... Y ahora es famoso... tiene mucha plata – Gemini sonrió por un momento – Si te vas a Francia con él, ¿por qué no se dan una oportunidad? … te has besado con él muchas veces.



- No hay manera que esté con un hombre



- Voy a ponértelo claro... Cuando estás con una mujer, la besas, la abrazas, la tocas, o lo que sea... Pero en el momento de la exitación máxima te aseguro que … sientes que falta algo. El hombre complementa eso, Gemini



- Lo sé, pero el sexo es algo más espiritual para mí



- ¿Ah sí? No te creo. Si eso de verdad fuese espiritual para ti, no te importaría tener ese acercamiento con alguien. No mirarías si es hombre, o si es mujer... Todo queda de verdad en el espíritu



- O sea, que tú estarías con una mujer – preguntó Gemini incrédula



- Claro que sí. - Gemini sonrió aún más incrédula – David podría darte ese complemento que necesitas.



- Jamás.



- Inténtalo. Eso es lo que te hace falta... El sexo completo es exquisito



- Madre, por favor... Tengo sueño.




- ...Y no está nada mal.

La señora salió de la habitación de su hija sonriendo. Y Gemini pensó muchas veces en eso.

Y … en parte pensó que su madre tenía razón. Sólo de pensar en todo lo que imaginó aquella noche, se sintió exitada. Hacía tantos, pero tantos años que no se acostaba con un hombre, y tal vez no recordaba mucho cómo se sentía aquello. Habría jugado con los cuerpos femeninos más bellos y hermosos de arquitectura latina, piel achocolatada y aterciopelada; en encuentros fogosos y de delicia celestial; haciendo un cierre con el orgasmo inducido por un pene inerte, de plástico, frío.

Imaginó cómo sería tener un encuentro con un hombre, y a decir verdad, no le animaba mucho el cuerpo masculino. Amaba ver la feminidad, la delicadeza, las curvas, los senos, las caderas que solo el cuerpo femenino tenía; las piernas... Pensaba en lo mucho que adoraba ver a una mujer derretirse cuando introducía su lengua en ella. Pero recordó que pocas se interesaban en hacerla sentir bien, y sí... a veces se sentía incompleta.

Estaba exitada. Su piel estaba erizada... Tomó su celular y buscó el número de David, dejó su celular de lado. El reloj marcaba más de las dos de la mañana. Tomó su cabeza entre sus manos mientras miraba el techo, y lo llamó. Colgó e inspiró hondo. Se levantó de la cama y se paseó por la habitación, aún imaginando, aún exitada. Esta vez, él devolvió la llamada. Ella contestó

- ¿Puedes venir? - Se sintió extraña por haber dicho aquello

- ¿pasó algo...? - Dijo la voz soñolienta – ¿Se trata de un antojo?

- ¿Puedes venir? - Dijo ella con más firmeza, y se extrañó por haberlo dicho. No pasaron más de diez minutos cuando él estaba en su puerta.

Lucía espectacular, pensó David. Su cabello rubio caía largo y brillaba, como Jonathan dijo muchas veces, parecían hebras de oro puro. Sus ojos azules reflejaban un destello vivaz, sus labios se veían rojos, rojo intenso, y se veía un color rojo en sus mejillas

- Estás caliente, ¿te sientes bien? - Ella cerró la puerta tras ellos, aún incrédula. Se sentía incapaz de poder hacer algo, o de tomar alguna iniciativa. Había imaginado a David minutos antes, teniendo sexo con ella.

- Duerme conmigo esta noche.

David sonrió, estaba confundido. Pero podía percibir fácilmente un leve brillo pícaro en ella. No dijo mucho, y se acostó a su lado. Ella lo miraba

- ¿Quieres que apague la luz...? - La mujer no dijo nada en el momento. Inspiró hondo. Mojó sus labios y David sonrió – ¿Sabías que el sexo es bueno para el embarazo? - él volvió a sonreír y cerró sus ojos. Cuando volvió a abrirlos, ella seguía viéndolo a él. Sonrió y se acercó más a ella

- Hace mucho tiempo que no tengo sexo con un hombre, y es precisamente porque no me gustan.

David se levantó de la cama y fue hasta el armario de la mujer. Ella estaba confundida. Él tomó algunos pañuelos de seda que ella guardaba y dobló uno de ellos. Sonreía un poco mientras lo hacía. Ella estaba acostada boca arriba, mirándolo

- Sé que no te gustan los hombres, y lo comprendo.

Él cubrió los ojos de la mujer con uno de los pañuelos y desvistió el torso de la mujer. Se sentía nerviosa, pero a la vez, exitada. Había visto aquel pecho desnudo cuando la encontró con Carmen, y recordaba como si fuera ayer, aquella blanca y pálida piel, abrazarla. Le gustaba Gemini, tal vez desde que la había visto por primera vez, y sabía de sus inclinaciones sexuales. Su abdomen estaba grande, y lo acarició durante un momento. Depositó unos cuantos besos en él y subió por sus senos con su boca. Ella llevó sus manos al cabello del hombre, moviendo su cuerpo aún más exitada, e invitándolo a disfrutar de sus pezones. Pero era un hombre, y sin embargo, no se detuvo.

Se sentía extraña.

Él besó lentamente su cuello y con las yemas de sus dedos, recorrió lentamente aquel pecho, sus brazos. Veía los labios de la mujer tornarse más rojos, y sus mejillas se encendían cada vez más. Y su piel... estaba e caliente ahora, y sus manos sujetaban de vez en vez la sábana y la arrugaba bajo sus dedos. Respiró y echó por fin a Paulina de su mente. tomó los brazos de la mujer y los sujetó suavemente arriba de su cabeza, a la cama

- Déjate llevar...

Veía cómo Gemini se movía cada vez más; la mujer gemía placenteramente cuando él decidió besar más abajo de su abdomen. Con delicadeza, retiró su ropa interior y besó muy cerca a su vagina. Allí, enloqueció. La besó por los costados de su cuerpo, acariciaba sus piernas, mientras notaba lo irresistible que era ahora aquella mujer. Lo imposible se cumplía ahora...

Se excitó más y más, a medida que la besaba, desde su cuello, hasta la punta de sus dedos. Besaba sus piernas y sentía la respiración de la mujer agitarse hasta llegar a gemidos. Ya la delicadeza se llenaba de pasión y besó los labios de la mujer con hambre de ella. La mujer mordía sus labios mientras con su respiración agitada respiraba sobre los labios de él. David se deshizo de su camisa y siguió besándola con deseo desenfrenado. Bajó nuevamente hacia su vagina, pero esta vez la besó introduciendo su lengua, juguetona y traviesa; besando todos esos labios, mientras escuchaba cómo la mujer llamaba su nombre entre gemidos. Se liberó del pañuelo que sujetaban sus manos y las colocó sobre la cabeza del hombre. Sujetaba su cabello, obligándolo a permanecer en ella. Con su boca, y sus dedos, siguió dándole placer.


Gemini sentía nuevas cosas, se sentía extremadamente bien, y con sus ojos vendados, estaba abierta a sentir sin restricciones ni limitaciones, y a disfrutar de aquello. Sabía que David estaba ahí, con ella, y sabía que ella seguía amando a Jonathan y a todas las mujeres, y sabía que él amaba a Paulina,... sabía que ahí estaba un hombre con ella. Colocaba sus manos en su cabello y deseaba como nunca antes, ser penetrada por él. Se sentó en la cama, y ya no queería más preámbulos, lo quería dentro de ella.

Bajó sus manos directo a sus genitales, y notó lo excitado que él estaba. Volvió a acostarse y él, a su lado. Mientras sus genitales se tocaban, él acariciaba la espalda de la mujer. Ella estaba ahora más mojada, y con sus caderas, buscaba lo que quería.

Él tomó con su mano la cadera de ella y comenzó a penetrarla lentamente. Los gemidos de Gemini se incrementaron, y la sencación de bienestar y de placer la envolvía. Su corazón latía velozmente mientras lo deseaba más y más.

Se besaban; él la acariciaba, volvía a besarla, la acariciaba, y la penetraba.

Ella disfrutó de él hasta que el amanecer se coló por su ventana.

Hacía muchos, muchísimos años, que no sentía la delicia de un orgasmo despertarla; de un sexo que no fue egoísta; de una pareja que se preocupó por hacerla sentir bien. Besó a David bajo las sábanas, y rió, avergonzada, ya con sus ojos descubiertos.

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