Paulina y Jonathan


FRAGMENTO 2 LATERNA

Aquella fría mañana, había despertado antes que el muchacho. Miró el reloj y eran apenas las 5:30 de la mañana. Aún entraban algunos rayos del cielo claro afuera, y la casa estaba en total silencio. Se sentía increíblemente feliz a su lado y comenzó a acariciar su cabello, su rostro, sus labios.

Él se movió un poco y abrió sus ojos. Sonrió levemente aún soñoliento, y sintió el frío que se trepaba por su piel. Ella se acercó aún más a él y se abrazaron. Sentir la piel caliente de Paulina lo hacían querer quedarse por siempre allí.

Dormía con ella, y tal vez era la única mujer con la que había pasado tantas noches... sólo se habían acercado una vez en todo este tiempo, y desde la última vez, él trataba de evitar sentir tantos deseos. Era imposible, sin sentirse culpable. A pesar de que Paulina demostrara muy poco o nulo interés en David, a le costaba cada vez más tener estos momentos con ella. A pesar de que la deseaba con desenfreno, no se atrevía a hacerle el amor como tanto lo añoraba. A él le parecía mentira que ella lo besara de aquella forma, con tanto deseo, con tanta pasión y anhelo.

Remontándose a un pasado relativamente reciente, nunca imaginó tenerla tan cerca, y mucho menos en su cama. La había visto tan de lejos y no le había confesado, que sí le había parecido una niña caprichosa y no precisamente por el uniforme horrible con el que se había acostumbrado a verla. Era una mujer preciosa, con virtudes que resaltaban su belleza física. Su rostro era de una perfección angelical, y de una divinidad inigualable. Veía inocencia en su sonrisa, en sus ojos, en sus mejillas sonrojadas; y se volvía loco cuando estos se pintaban de fuego apasionado. Su cabello aunque lucía diferente a sus anteriores ondas y destellos rubios oscuros, le fascinaba al tacto. Pasaba horas acariciando el cabello de la muchacha y pensaba que valía la pena enamorarse de ella. Tenía un cuerpo precioso, una cintura con la que él soñaba aferrarse mientras le hiciera el amor; una cintura que él había recorrido con sus dedos en innumerables veces ahora... su abdomen era suave a sus labios... y sus pechos, un paisaje de vista hermosa y un paraíso de suavidad. Los había besado solo en una oportunidad y se había controlado durante semanas para no caer en ella.

Esa mañana, mientras tomaba su cintura y se aprisionaban en un abrazo cálido, pensó que lo más sensato era terminar con ella, y convencerla de que fuera a brazos de David.
Estaba seguro de que en su corazón, ya Gemini no estaba. Y Paola, era un recuerdo muy feliz el cuál paseaba como un fantasma en su mente.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Paulina se deshizo de su camisón y sonrió para él. Volvió bajo las cobijas y se dejó abrazar por él, y lo besó mientras sus manos recorrían el cuerpo de él. Él respondía con besos demasiado cargados de pasión, sus senos estaban descubiertos

- … Creo que … esto no debe ocurrir entre nosotros

- ¿Por qué no? - Preguntó la muchacha aún besándolo

- … Debemos amarnos primero... - Ella se acostó a su lado con un dejo de impaciencia en su suspiro

- No me mientas, porque yo sé que no me tocas por David. ¿tú no entiendes que también te necesito como pareja? … O dime si es que en realidad no quieres estar conmigo por alguna otra persona, o yo qué sé... Pero no me des estas excusas. Díme ahora, porque estoy convencida de que a ti quiero darte toda mi vida

-...Paulina, yo... no quiero lastimarte... el sexo no debe definir esto que tenemos, por eso creo que... es muy pronto para...

Paulina se colocó su camisón y se ocultó tras las sábanas.

- Prefiero a que digas “es muy pronto” a “es demasiado tarde”. No es fácil tenernos así todas las noches, abrazándonos inocentemente bajo las cobijas, teniendote tan cerca y estando tan convencida de que quiero que estemos juntos... Jonathan, yo he sido muy clara con eso de que David me importa una … - Quería decir una obsenidad – él es un capítulo quemado de mi vida, ni cenizas quedan porque el viento se las llevó. Nunca confié en él y jamás lo haré. Sí, lo amé, viví muchísimas cosas con él, aprendí muchas cosas con él, me entregué a él, pero lo olvidé. ¿puedes vivir con eso? Lo olvidé... Yo estoy feliz a tu lado, soy feliz, me haces sentir mujer, me valoras y me quieres. Contigo no me siento presionada, y confío plenamente en ti. Y sí, aún estoy enamorada de él

- ¿Lo ves?

- Olvidé quererlo conmigo, y soy más feliz sin él. Si no fuese cierto, no estuviera aquí contigo, deseándote de esta forma; jamás me hubiera atrevido a compartir mi cuerpo contigo ni nada de eso. ¿O es que no te pasa exactamente lo mismo con Gemini? ¡Van a tener dos hijos! ¿tú ves que me sienta culpable o algo? ¡Me importa un bledo! Esta es tu vida y la mía, somos libres de amar y estar, y hacer el amor con quien queramos... No me rechaces una vez más por culpa de ellos. Hazme el amor como tanto has querido y sin sentir cargos de conciencia. David no es mi dueño.

Paulina se acostó sobre él lentamente mientras lo besaba. Él apenas procesaba la información.

Maldita sea, cuánto la deseaba.

Poco a poco la mañana fue aclarando un poco más, y una leve lluvia golpeaba los vidrios de la ventana; ella acariciaba la espalda del hombre y metía sus dedos entre su cabello ondulado. Los besos incrementaban en calidez, la piel de Paulina se ponía cada vez más tibia, y Jonathan, en una lucha a muerte con sus pensamientos, perdía mucha concentración

- No puedo... - él tomó su cabello mientras lo repetía una y otra vez.

- Sí puedes.

El hecho de que Jonathan pensara en David, llenaban a la muchacha de una valentía y un deseo desenfrenado por él. Una venganza silenciosa sería que Jonathan accediera a traicionarlo al acostarse con ella, y eso, era lo que ella precisamente había querido desde que fue a buscarlo aquella mañana a esa misma casa. Se desnudó y se sentó en las piernas del muchacho, decidida también a desnudarlo. Las fuerzas de él poco a poco fueron debilitándose.

La muchacha se atrevió a darle los besos que jamás había dado a nadie, en lugares donde nunca llegaron sus labios. La boca de Paulina era caliente y húmeda y demasiado excitante al contacto con sus genitales. Sus manos se aferraban a la cabeza de su amante en una danza erótica que él no quería interrumpir.

Ahora no quería detenerse.

Acostó a la muchacha en la cama mientras la miraba con deseo empañado de oscuridad. Se acostó sobre ella sujetándole las manos mientras la besaba con deseo, mordía los labios de ella y los acariciaba con sus labios con una suavidad que a ella le parecía irresistible.

Paulina lo invitó a entrar finalmente en ella mientras esta lo sujetaba por sus nalgas. Sus respiraciones corrían agitadas, sus corazones palpitaban casi al unísono; se besaban mientras hacían el amor como hambrientos, sus miradas se encontraban de vez en cuando y sus manos se encontraban para entrelazar sus dedos. Luego ella encima de él se mecía con sus ojos cerrados mientras gemía en el éxtasis del placer infinito. Él acariciaba sus senos mientras veía ese rostro y ese cuerpo alimentarse del suyo, y se sentía cada vez más excitado.

Paulina era deliciosa hasta el cabello; besaba su cuello y la abrazaba porque en este momento estaba seguro, que la adoraba como una diosa. Su cuerpo le había dado un placer que jamás había sentido; sus gemidos sonaban como música a sus oídos; la humedad con la que bañaba sus sexos era lo más glorioso de hacer el amor con ella.

Sus mentes estaban puestas únicamente en el otro; orgasmo tras otro los hacían permanecer allí, desnudos y luchando en su batalla de cuerpos.

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