Mauricio y Lucía


FRAGMENTO 3 LATERNA

Entraron al apartamento entre sonrisas. Eran casi las ocho de la noche, y cada vez que el reloj daba esa hora, la mujer dormía a su bebé entre cantos y palabras bonitas. Se sentía tan inmensamente feliz de poder ver la sonrisa de su bebé, poder tocar su piel, consentirlo... Había entendido que este bebé era la razón de su vida, y no su ex, como creyó durante mucho tiempo. Mauricio entró a la habitación de ella y le ofreció una taza de chocolate. Hacía frío ese día en aquella ciudad, y a ella sólo se le ocurría que quería acostarse con él. Se desesperaba... jugaba mucho con su cabello, movía sus labios lentamente, y se odiaba por ser tan coqueta. Sus ojos verdes eran como siempre, tan

- Provocativos... tus ojos...

- Lo sé...

- Las esmeraldas no son más hermosas que tus iris...

- ...Son los ojos de mi padre. El tipo tenía buenos genes... vamos afuera... no quiero que el bebé despierte...

Y lo llevó directamente a la habitación de él, y aseguró la puerta.

- A mí no me interesa si aún estás o sientes algo por la tal Lilian, porque quien me gusta eres tú...

- ¿Te gusto...?

Ella lo besó lentamente y sintió un cosquilleo en su vientre. Se sintió nerviosa y ahora no estaba tan valiente como para desnudarlo y hacerle el amor ahí... Sólo lo besó y mordía levemente los labios de aquel hombre. Él la deseaba tanto, que empezó a aprisionar la cintura de aquella mujer, y acariciar su espalda y mordía sus labios ante el deseo por ella. Se acostaron en la cama, y él encima de ella la besaba cada vez más con más deseo, y sus manos recorrían ese cuerpo perfecto, sus senos hermosos, sus piernas; y la besaba... desnudos unos minutos más tarde, él recorre su abdomen con su lengua y sus labios, y de igual manera, dibuja en su mente las piernas y senos de Lucía con su lengua y sus dedos, que también la recorrían. Al llegar a su ingle, la mujer daba algunos gemidos de placer mientras sujetaba por el cabello a aquel hombre, invitándolo a que se quedara ahí y siguiera su recorrido por su cuerpo. Él se sentía cada vez más excitado al escuchar la respiración de aquella mujer mientras de vez en cuando sus gemidos se hacían más claros. Besó y acarició aquél cuerpo que llevaba deseando por casi un año desde que la vio por vez primera. Recorrió su lengua por aquella vagina mojada y lista para él, y en pocos minutos más tarde, los gemidos se intensificaron al ritmo del sexo tan delicioso que ambos experimentaban. Sus corazones latían rapidísimo, sus pieles estaban erizadas y sus cuerpos deseosos por más y más cada vez. Ella rasguñaba la espalda de aquél hombre mientras sus ojos se cerraban lentamente y disfrutaba de él, saciaba su sed. 

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