Gemini y Paola


FRAGMENTO 4 LATERNA


Gemini se quedó en el hotel y pretendía extender su estadía unos días más, con sus bebés y en compañía de Paola. Volvería a Francia una vez estuviera lista para ello, o una vez se decidiera a querer estar de verdad con David.

- Más te vale que te vistas si vamos a dormir juntas.

- Podrías ser mi madre...


Paola se metió en la cama con Gemini. Sus pieles estaban algo bronceadas por el sol del día en la playa.

- ¿Qué es lo que te preocupa? ¿No decías que yo era horrible? - Paola la miró sonriendo, tenía el cabello suelto y la piel caliente aún del sol del día.

Los bebés dormían cerca a ellas, y Gemini cerró sus ojos para ignorar la belleza de la muchacha que tenía a su lado. Se parecía a David, y esta era extremadamente coqueta. Sería en serio, o se lo imaginaba. Hacía tanto tiempo que no estaba con una mujer. Se levantó de la cama con una almohada y fue al sofá cercano. Paola abrió sus ojos y encendió la lámpara cercana, se sentó sonriente.

- Sería interesante. Ya voy a vestirme... qué bueno que te hayas dado cuenta de que los hombres no son lo tuyo.

- Eres una niña muy inmadura aún.

- Y tú, eres un hombre encerrado en el cuerpo de una mujer.

- ¿tengo que ir a otra habitación?

- No, no te preocupes...

La muchacha se dio media vuelta y volvió a acostarse, sonriente y triunfante a la vez.

- Nunca he estado con ninguna mujer, pero me da curiosidad besar a una

- Duérmete por dios... Mala idea haberte pedido que te quedaras.

- ¿tienes miedo?

Gemini la ignoró y cerró sus ojos. De verdad estaba muy cansada como para tener que pensar en pecar o algo así. David rondaba su mente una y otra vez; y aunque volviera a Francia al amanecer, ya no lo vería tan frecuentemente por lo de la grabación del nuevo album, y después de ahí, posiblemente se verían al año siguiente o algo así, cuando dejaran ya de promocionarlo.

Cerró sus ojos y soñó un posible futuro alterno si se hubiese casado con David; tal vez a esta hora estuvieran haciendo el amor como dos locos en una isla en el pacífico, como lo habían planeado; soñaba que él le hacía el amor como nunca antes, y que lo abrazaba, y que se besaban. Sintió que él llamó su nombre, pero despertó bajo la insistencia de Paola, quien yacía de pie junto a ella, aún en ropa interior. Gemini se sentía impaciente.

- Esto va a ser imposible entre nosotras, ¿cierto?

- Tengo frío. Ven a la cama...

La mujer exhaló con impaciencia

- Paola, ¿qué quieres de mí? Acabo de dejar a tu hermano plantado en el altar y ¿tú piensas que tengo ganas de acostarme contigo?

Paola sonrió y se dio la vuelta. Meneando sus caderas parsimoniosamente, y con su cabellera larga ondeando sobre su espalda, volvió lentamente a la cama. Gemini odió ver a aquella muchacha tan seductora. Su trasero era bastante hermoso, pensó. Había despertado mojada de aquel sueño con David

- Pensé que no te gustaban las mujeres. - Dijo Gemini con sus ojos cerrados respirando profundamente para calmar su hambre, de brazos cruzados sobre el sofá.

- Y yo pensé que eras promiscua.

- Lo que no tengo son malos gustos.

Paola se deshizo de su blusa, sus senos quedaron al descubierto pero sus cabellos tapaban parte de ellos.

- No creo que sea horrible... Mírame. - Gemini abrió sus ojos y volteó hacia la muchacha, quien iba acercándose a ella mientras se recogía su cabello. Su cintura parecía tallada por los dioses, sus piernas eran bellas, debió reconocer. Se deshizo de la diminuta prenda que cubría su vagina y Gemini supo que de ahí en adelante, iba a ser una utopía el tener fuerza de voluntad para decir no,uno muy convincente. La lascivia se coló en sus ojos y en su boca, porque mordió sus labios sin disimulo al ver aquellos senos redondos y grandes. Había probado demasiadas mujeres en Francia, pero nada como el cuerpo y el fuego latino que ella tanto amaba. Aquellos cabellos castaños, hacían juego con la piel morena de Paola.

- Eres hermosa... - Paola sonrió y fue de vuelta a la cama, desnuda. Miraba a Gemini y la atraía a sí con la mirada.

Al diablo David, se había ido. Así que la mujer se levantó del sofá y caminó lentamente hacia la cama. Se sentía atraída por aquel cuerpo que yacía sobre la cama.

- David no va a saber nada de esto...

- Así como cuando... le fuiste con chismes aquella vez que te le regalaste a Jonathan... - Gemini se sentó en la cama y se acercó a Paola para besar el cuello de la muchacha. Al rozar sus labios con el cuello tibio de la muchacha, escuchó un leve gemido provenir de su boca.

- No... esta vez hay niños de por medio... - Dijo Paola en un tono de voz donde el aire le faltaba. Paola fue entonces encima de Gemini, y ambas sentadas entonces sobre la cama, se abrazaron. Con sus manos, Gemini podía acariciar la espalda de la muchacha, desde su cuello hasta lo más bajo de su cintura, sus piernas... Y con su boca, saboreaba los senos de pezones duros de la muchacha, los acarició en sus manos y recordó lo hermoso que era sostener en sus manos la feminidad de una mujer. Aquel cuerpo delicado y hambriento la llamaban a más; podría recorrer todo ese cuerpo sin detenerse ni un instante.

- ...No deberíamos estar haciendo esto... - Dijo Gemini, quien tomó a Paola y la arrojó sobre la cama. - vístete de una vez. Voy a reservarte ya mismo el primer vuelo al amanecer. Paola... yo no estoy para estos juegos; no desde que ninguna mujer me toma para esto, para experimentar y pasar solo un rato agradable. ¿Y contigo? Dios existe y me odia...

Paola se sentía molesta; sabía que no era horrible ni nada de eso. Sirvió dos copas de ron añejo y las bebió en menos de diez segundos. La última que sirvió se la dio a Gemini, quien la despreció

- Por si no recuerdas, tu sobrino está creciendo en mi vientre.

Paola se tomó la última copa de un solo sorbo y comenzó a sentirse mareada en instantes. Se sentía exitada, y el calor del alcohol ayudaba a que quisiera desinhibirse sin límite alguno. Gemini se paseó la habitación haciendo algo que a Paola no le interesaba.

Aún pensaba en Jonathan con locura, y se preguntaba qué había de especial en Gemini. Hermosa era; sus cabellos dorados parecían hebras de sol... era pálida; era grosera, lesbiana... medía como dos metros... tenía unas piernas muy bellas... Era una mujer físicamente hermosa, y los años le sentaban muy bien. Era inteligente, rubia e inteligente. Paola quería saber qué había más allá de las ropas, aunque nunca antes le había pasado con ninguna mujer.

Poca era su experiencia con los hombres, pero ya no encontraba satisfacción en ellos, y sí, se había acostado con muchos. Ninguno le satisfacía tanto como Jonathan, ninguno lograba conectarse con ella, tanto como él. Muy a pesar de que él nunca llegara a amarla. Se preguntaba de vez en cuando, si Jonathan estaría de verdad enamorado de Paulina, o si todo se trataba de... un juego estúpido contra su hermano.

Gemini podría darle tanto placer aquella noche... Había visto a sus novias llorar por ella, extrañarla; por algo debía ser. Tenía sus juguetes listos, y de donde los tenía, los sacó. Puso sobre la cama un pene de ule, del cual Gemini rió por varios minutos. “Debes estar loca... maldita sea, eres hermosa”.


Gemini comenzó a desear tanto ese cuerpo, su instinto animal salvaje despertó por ella; si se sabía o no al amanecer, no le importaba. David ya no querría estar con ella por el desplante en el altar.

Se decidió entonces, a recorrerla entera. Amaba las curvas del cuerpo femenino, tanto como la música. El olor de la intimidad femenina, era como un perfume afrodisíaco; tocaba y acariciaba los senos entre sus manos y se sentía muy excitada. El hecho de besarlos y lamerlos mientras escuchaba gemidos y jadeos, la enloquecían.

Amaba ver a las mujeres excitadas, pidiendo ser penetradas, pidiendo ser besadas, pidiendo más y más... Amaba cuando movían su cuerpo y comenzaban a tocar sus senos, con ojos cerrados mientras mordieren sus labios. Paola estaba preciosa para ella esa noche.

Su vagina de labios rosados se encontraba humedecida de pasión y del fuego mismo del deseo. A Gemini solo le provocaba comerla con sus labios y con su lengua; y no lo dudó ni un instante. Fue directo ahí con su boca y comenzó entonces a saborearla. Las manos de la muchacha la tomaban con los dedos, el cabello de Gemini; los gemidos crecían en intensidad mientras la lengua de Gemini se movía pícaramente dentro de ella.

La noche fue bella...

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