David y Paulina

FRAGMENTO 1 LATERNA

El hotel era lujoso y David se sentía incómodo. No tendría con él más de un millón, y de seguro la estadía ahí saldría por muchos más. Tragó algo de saliva cuando la muchacha recibió su llave de habitación.

Ella estaba feliz, y además se sentía nerviosa. Cuando iban caminando hacia la habitación asignada, recordaba vívidamente las palabras de Rosita en su habitación, unos días antes
- Eso no tiene nada de malo... Llévatelo a otra ciudad, vayan a Aguas Claras...

No estoy muy segura... - Paulina estaba nerviosa ante la presión de su amiga, y también, ante la idea de que David se iría si no se acostaba con ella- Yo lo amo... pero... todavía no..

- Qué puedes perder? Arriésgate, Pau... Además, tú confías en él... Mira... Aquí te traje esto. - Rosita sacó de una caja grande una lencería fina y le mostró cómo debía ir – Si te lo pones, lo matarás... No querrá despegarse nunca de ti

-...  Rosita... él me dijo que el sexo no era importante..

-No seas tan ingenua. Libérate de la virginidad, chica... Y con ese hombre... Pruébate esto."

Llegaron a la habitación y la muchacha temblaba un poco y David la abrazó

- Amor... eh... no creo que pueda pagar esto...

- Dije que te invitaba...

- ¿...Estás bien? - Se vieron un rato a los ojos y luego de unos cuantos segundos, se besaron. Él notó las manos de la muchacha, y estaban inusualmente heladas... como la primera vez.
- … Te amo, David... -

Respiró profundamente y se metió al baño de la habitación. Se vio frente al espejo y pensó mirando las luces. Debajo de sus ropas que la hacían ver descomplicada, tenía aquél babydoll que su amiga le había regalado para despertar en David las más profundas y carnales pasiones. Tenía dudas acerca de hacerlo o no con él esa misma noche, pero agradecía que alguna vez, con sólo besos, lograba sentirse excitada.

Se odiaba por desconfiar de aquel hombre que le había demostrado ser digno de ella; pero... había cosas que la muchacha no entendía y la hacían dudar a veces... incluso hasta de lo que David podía sentir por ella. Le parecía increíble el hecho de que Carmen, tan hermosa y provocativa, no hubiera debilitado la decisión de David de estar con ella alguna vez... le parecía increíble que un hombre pudiera tener tanto tiempo sin sexo... Respiró profundo con sus ojos cerrados mientras se sirvió un whisky añejo que estaba en una mesa. Lo tomó de un sorbo y pudo relajarse un poco. Se dio la vuelta y vio a su hombre, mirando la habitación en sorpresa, con su mente quién sabe en dónde... Paulina pensó que tal vez no confiaba en él lo suficiente como para entregarse y a la vez no quería perderlo... ¿y si Rosita tenía razón? Se tomó otro trago. Amaba a David, y él la hacía sentirse amada también. La muchacha tomó dos tragos más mientras él estaba concentrado en un cuadro antiguo en una de las paredes. Pensando en él, y sólo en el hecho de querer estar por siempre con él, dejó su desconfianza a un lado y no le importaba de a mucho si valía o no la pena. Quería al menos saber que él alguna vez probó su cuerpo, sea que él sea o no sincero... sea o no que se acueste con sus estudiantes. Fue quitándose poco a poco su ropa haciendo el menor ruido posible y pudo sentir que estaba ya mareada. Odiaba el whisky.

Tenía un babydoll de encaje fino que muy poco dejaba a la imaginación. Era negro con algunos bordados de color rojo carmín. Su cabello abundante y castaño caía alrededor de sus hombros y senos, y hacían un juego con su piel de tono claro y mejillas sonrojadas. Sus ojos mieles parecían de fuego, su boca pequeña no podía articular palabra. Se sentía nerviosa y sabía que estaba fría. Caminó hasta donde David, quien voltea a mirarla en sorpresa... Se veía hermosa, y esa piel tan suave lo invitaban a tomarla. La vio a los ojos y no quiso decir nada... tomó el cabello de la muchacha entre sus dedos mientras veía los ojos de ella, que espabilaban nerviosos e intimidados. Se veía tan virginal y tan sensual, que iba a ser difícil resistirse a ella.

Le dio un beso y no pudo evitar sentirse excitado y con ganas de más, pero detestó el tufillo a alcohol de su doncella. Ella, lo besaba también mientras rodeaba con sus manos el cuello de David sintiendo ese aroma a canela que tanto le encantaba. Él aprisionaba su cintura y se llevaron a la cama con mucha pasión, y los besos incrementaban. Las caricias podían dar más calor y ella podía sentirse cada vez más excitada y ya no quería pensar en que desconfiaba de él. Él besaba el cuello de Paulina, y le susurraba al oído un “Te amo” de vez en cuando.

Se sentía nerviosa, su corazón podía latir aún más rápido que nunca. Él la miró con una pequeña sonrisa en sus labios

- Confía en mí, amor... Hoy no va a pasar nada entre tú y yo... Aunque … me muera por ti.

Ella sonríe agradecida, tal vez.

Se besaron nuevamente, pero esta vez David fue más lento. Deseaba tanto a Paulina, que le costaba controlarse. Sólo la besó con ternura y con mucho amor. Lentamente fue besando los labios de la muchacha, quien cerraba sus ojos para disfrutar más de aquello y no entretenerse con nada. Su respiración se ponía algo más agitada cada vez que los besos seguían. David besó otra vez su cuello y bajaba hacia sus pechos sin parecer descortés, o parecer atrevido. Paulina deseaba ser besada y acariciada y lo invitó a más. Sus senos quedaron al descubierto para que David pudiera besarlos libremente. Sus labios y su lengua recorrer lentamente sus pezones, la hacían sentir en la gloria. Era la primera vez que estaba tan cerca a un hombre, era la primera vez que alguien besaba sus senos con pasión y con tanto amor a la vez. Tomaba a David por su cabello para que siguiera besando sus senos. Su cuerpo se movía mientras iba sintiéndose más y más excitada, pero él seguía siendo bastante paciente como para incrementar los besos. Bajó en el mismo ritmo hasta el abdomen de su virginal amante y la recorrió con sus labios. Paulina se sentía muy excitada ya a ese punto. Ya no pensaba en lo absoluto, y podría arriesgarse esa misma noche. Él se deshizo de su camiseta y ella pensó que ya no se sentía tan nerviosa. Él continuó besándola sin dejar de verla a los ojos, y bajó con la misma paciencia hasta sus piernas. Besó y besó muy cerca de su entrepiernas y ella deseó que el hombre pudiera llegar a su vagina. Él usaba su lengua y sus labios, y su respiración... Respiraba muy cerca a su piel y ella podía excitarse más y más. Muchas de estas sensaciones eran nuevas para ella, pero definitivamente nunca jamás había estado tan desnuda frente a un hombre. Ya no sentía miedo, pero sí, una confianza para poder entregarse a él.

Ella se desnudó y lo invitó a que besara su vagina, recordando que Rosita le había dicho lo tan magnífico que era aquello. Y de verdad que tenía razón. Su piel estaba erizada y ahora podía gemir un poco, mientras los labios y lengua de David jugueteaban en ella.

A él seguía costándole trabajo controlarse, y disfrutaba del cuerpo de ella mientras seguía besándola. Menos pudo controlarse, cuando introdujo su lengua y verla enloquecer de placer. Decía su nombre entre gemidos y era inevitable que pudiera controlarse ahora más que nunca. Debía ser ahora. Este era el momento.

Él subió nuevamente a su cuello y la besó. Estaba tan excitada, que podía rasguñar la espalda de él, y podía sentir el deseo en ella, en sus ojos, en sus caricias salvajes y deliciosas. Se sentía enamorado de ella, y atraído hoy más que nunca, y también nervioso. Su amante era virgen. Ella era virginal, y apasionada ahora... era hermosa. Se besaron un largo rato.

(...)

David y Paulina estaban fundidos en el otro. A paso lento y con decisión, David desvirgaba a su doncella mientras esta se desternillaba de pasión en sus brazos; ella mordía sus labios mientras respiraba agitadamente, y sus ojos estaban cerrados, y sus brazos se aferraban a la espalda de David, quien también besaba su cuello y sus labios. Estaban excitados y deseosos por más y más.

No dolía, como Rosita le había dicho en una expresión cruel que la asustó demasiado. Amaba a David, y sabía que él la amaba también. Todas sus caricias, todo su cuerpo, todos sus besos y miradas, hablaban de cuánto la amaban. Y así era. Estaba enamorado, quería compartir el resto de su vida con esa mujer que tenía en sus brazos; quería poder compartir con ella todo de sí. Todo. Dos enamorados unidos en un solo espíritu, en un solo sentir; unánimes, inquebrantables, y de amor más fuerte que la fuerza de los vientos juntos.

David la amaba como a nadie en el mundo, y estar con ella le hacía feliz de verdad. Y ella... estaba feliz también, y por vez primera, sentía que sonreía de verdad.

Esa noche se abrazaron desnudos sobre la cama hablando un poco de aquella hermosa experiencia que acababan de tener. Ella, risueña, cierra sus ojos mientras sentía la mano de David acariciar su cabello y susurrarle “Te amo” unas cuantas veces. Se sentía sin duda, la mujer más feliz y dichosa del universo.

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